El síndrome de Ulises.

El inmigrante pasa momentos complicados donde sea que vaya y en las condiciones que viva, el dinero facilita comer y moverse, pero la nostalgia, extrañar a la familia, los amigos, el cafecito conocido que venden en la esquina o la tierra donde caminar descalzo y confiado es algo con lo que carga así sea muy feliz donde esté, siempre piensa en esa posibilidad de regresar a su país de origen así hayan pasado muchos años y ya nada o nadie sea como antes.

Al igual que su personaje principal, el escritor colombiano Santiago Gamboa estudió en la Universidad Complutense de Madrid y posteriormente en la Sorbona de París, hace algunos años señaló que aunque la historia es completamente ficción, está basada en muchas de las vivencias que experimentó como becario y por tanto, retrata la historia de aquel que llega atraído por las luces de una ciudad tan enigmática como París, pero que se ve obligado a vivir en las tinieblas.

Ulíses (Odiseo), héroe de la mitología griega, estuvo alejado de sus allegados por un período de veinte años luego de luchar en la guerra de Troya, es el protagonista del poema “La Odisea”, de Homero e igualmente un personaje de “La Ilíada”, con su nombre se ha denominado el síndrome conocido también como “Síndrome del inmigrante”, relacionado con el estrés que padecen los inmigrantes al atravesar los distintos duelos que supone mudarse de país: el duelo por la familia, la adaptación al idioma, por la diferencia cultural y el relacionado con el cambio de estatus social, más aún si en el país extranjero ve desmejorada su calidad de vida.

Cuando Pienso en París, vienen a mi mente los paseos junto al río Sena, las crepes de chocolate y la lluvia ligera de febrero, todas esas imágenes lindas que te venden las agencias de viaje y que ves en las fotos de instagram de tus amigos, pero al igual que en cualquier otra ciudad, el colombiano, la ucraniana y el argentino que llegaron con una mano adelante y otra detrás, tienen que contar céntimos y comer castañas, pasar frío, vivir con el miedo de que se den cuenta que está ilegal y machacar el francés que de pronto es inglés o un nuevo idioma inventado.

Gamboa no deja ningún detalle por fuera en cuanto a describir la vida de un inmigrante, de todas las experiencias que calaron tan hondo en él y que le hicieron sentir un poco de impotencia, quizás la misma que sentimos nosotros al ver tantos inmigrantes en nuestro país, que no lo pasan muy bien porque no todos vienen con una cuenta bancaria repleta de dólares, pero sí son muchos lo que llegan con ganas de trabajar y progresar.

Entre el panorama dramático y burlesco que viven sus personajes, hay una gran cantidad de episodios sexuales, de consumo de drogas y alcohol narrados de forma explícita que de alguna manera se convierten en el sedante que permite soportar el día a día, porque la vida es difícil señores, tanto aquí como en París.

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