La verdad sobre el caso Harry Quebert.

portada-verdad-sobre-caso-harry-quebert_grandeHoy en día leer es una pasión para muchos y una tortura para otros, yo soy de esos últimos, de los que el gusanillo por pasar las páginas de un libro nunca le picó.

Leer siempre me ha costado mucho y eso a pesar de que mi padre era un gran ejemplo de devorador de libros, podría pensar que fueron esos libros de autores clásicos obligados a leer en la escuela los que me impidieron aficionarme a la lectura, aunque al final fue mi pasión a la caja de tubos catódicos.

Años después, me encuentro con mi yo adulto junto a las ganas de hacer cosas nuevas, lo que me anima a intentar leer, aunque con trampa, ya que me hago con un e-book, para ver si las nuevas tecnologías se alían con las letras y me aficionan a la pasión de unos y tortura mía.

Me encuentro con mi e-book y una serie de recomendaciones de la máquina, todas me llevan a los más vendidos, si se venden “pienso” deben de ser buenos, la lista se me hace corta pero tengo que decidirme y hago varios descartes mediante la siguiente regla  “Si el nombre del autor no te suena y está entre los más vendidos, cómpralo” ciñéndome a esas palabra me encuentro con -La verdad sobre el caso Harry Quebert- escrita por el suizo -Joël Dicker muy conocido en su casa pero cuyo nombre jamás escuché.

Verano es igual a tiempo Libre = calor = playa y yo con mi e-book y mi título, tumbado en mi toalla bajo una sombrilla, dispuesto a leer de manera voluntaria, sin necesidad de hacer un resumen o presentar un trabajo a la maestra de literatura de turno. Me siento una persona más interesante que el día anterior, me dispongo a leer, enciendo mi aparato y… como no, pasa una muchacha en bikini que me hace abortar la operación, al rato vuelvo en sí y leo.

Un libro sobre un escritor, un escritor de éxito, algo que jamás seré y por lo tanto no me puedo sentir identificado hablando del negocio de los libros y el bloqueo mental de los autores, ¿Dónde está la novela policiaca? me pregunté en las primeras páginas, pensando que me había equivocado de libro de verano. Páginas después, la novela sale de la gran ciudad, del postureo de los intelectuales y se mete en un pueblo del pasado del protagonista, donde el escritor termina siendo un investigador aficionado, jugando con sus recuerdos y sus antiguas amistades. Dentro de este panorama encuentra un asesinato y multitud de extraños personajes que dan vida a un peculiar pueblo del estado de “New Hampshire”.

Increíblemente entusiasmado por los capítulos me voy abstrayendo de mi alrededor y empiezo a empatizar con ese personaje contemporáneo a mí, que escribe y  que ya no le quedan ideas, está en esa edad en que los mitos caen y vives la terrible crudeza de la realidad, pero volviendo a la novela, juega de forma fácil con los tiempos y se hace fácil de leer, los capítulos están muy logrados y te intrigan sin dejar de sorprenderte, los detalles que muestra son los justos, pero te hacen ver claramente cómo sería vivir en la pequeña ciudad costera de Aurora.

No quiero describir más la novela, sólo digo una cosa, gusta e inquieta en los mismos términos. Sin darme cuenta terminé un libro.

Héctor, informático, interesado en vivir la vida dura de millonario, disfrutar el tiempo libre y la coca cola light.
Héctor, informático, interesado en vivir la dura vida de millonario, disfrutar el tiempo libre y la coca cola light.
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Dime quién soy.

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Debo decir que las novelas de tiempos de guerra no son lo mio, pero esta la recibí como regalo de cumpleaños de mi madre quien alimenta continuamente mi vicio lector

También debo decir que esta novela la considero un crimen ecológico, mil y pico de páginas contando una historia que podría haberse desarrollado exitosamente en la mitad del espacio y salvar algunos árboles. A continuación expongo mis razones para lo cerca que estuve de abandonar la lectura de esta monstruosidad.

A ver, la novela empieza con un periodista quien recibe encargo de averiguar la vida y milagros de su bisabuela quien había abandonado a su hijo (el abuelo del periodista) y de cuya existencia nadie hablaba. Como  el periodista estaba casi en el paro, aceptó. No sé ni cómo explicar lo irrelevante e insulso de este personaje que debía ser el hilo conductor de la historia.

En fin, la bisabuela se llamaba Amelia Garayoa. El tipo agarra la guía telefónica, llama a un par de Garayoas y, adivine, encontró a la familia de la bisabuela, fue a su casa y es explicó su cometido: averiguar sobre la vida de Amelia para ganarse los reales que le había prometido la tía (sí, la tía del periodista fue la del encargo).

Los familiares de Amelia, un par de viejitas muy viejitas, deciden ayudarlo. Sin embargo la ayuda estaba condicionada a que ellas debían leer lo que fuera que averiguara antes de entregárselo a la tía del encargo. Una vez aceptada la condición, proceden a decirle que hable con cierta persona, luego con otra y otra y otra… En algún momento, la tía abandona el proyecto y las viejitas deciden pagarle al tipo para que continúe.

Así, el periodista se encuentra viajando por todo el continente, hablando con gente que simplemente le daba un retazo de historia y luego lo mandaba a otro lugar a buscar otro retazo de historia. No es mala la idea para causar suspenso, si no fuera por las páginas perdidas en irrelevancias como la madre del periodista y las afiliaciones políticas del mismo. O la inexplicable reticencia de las ancianitas a ayudar a completar la historia y su mala actitud. Con decirles que el libro no se pone interesante sino hasta la página 600.

El estilo de narrador omnisciente que adopta la escritora es, en la práctica, imposible ya que los que narran la historia no estuvieron presentes durante los hechos, se basan en documentos históricos o diarios de otras personas salvo en algunas excepciones ¿Cómo saber el momento  exacto en que se desmayó una persona en la sala de torturas si no estuviste ahí?

En resumen, el periodista logra averiguar que Amelia Garayoa, su bisabuela, fue una espía que trabajó para distintas agencias, que pasó las de Caín en campos de concentración, fue violada, torturada y casi asesinada. Sin embargo, es un personaje sin profundidad, simple, que no logra despertar simpatía. Una burguesita comunista que decidió abandonar a su marido e hijo por otro hombre convencida que lo hacía por la revolución, pero que se indigna al saber que la nana de su hijo se ha convertido en la señora de la casa porque “eso es ser igualada”. No hay nada relevante en su persona salvo que era bella y muy delgada.

Y el periodista termina su asignación sin reflexiones ni emociones.

Y señores, el final es patético.

Este libro es un excelente ejemplo de buenísima idea y terrible ejecución. Si fuera editora, le hubiera dicho a Julia Navarro que escribiera todo eso como un diario y empezara la novela diciendo alguien lo encontró en un trozo de muro de Berlín.

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Melody Gray: lectoadicta desde los 3. Fanática de las palabras, sonidos y silencios. Para más información, visite mi blog: sereta.wordpress.com

El color prohibido del amor.

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“El gran espejo del amor entre hombres. Historias de Samuráis”, es un compendio de relatos escrito por Ihara Saikaku en el cual narra historias de amor entre samuráis, resaltando los sentimientos, el honor, la fidelidad y todos aquellos elementos que permitían mantener una relación estable. El amor Nanshoku era abiertamente aceptado por la sociedad, una relación entre un adulto y un joven donde los samuráis podían experimentar un apasionado amor viril, algo que era aceptado y a la vez entendido como algo fugaz, porque cuando el hombre joven alcanzaba la mayoría de edad, dejaba de ser amante del samurái adulto y en su lugar, tomaba a otro joven como su amante.

En El color prohibido, Yukio Mishima retrata a la perfección esta relación entre hombres denominada nanshoku Okagami, es precisamente en los últimos capítulos, donde hace referencia a esta obra de Saikaku debido a la relación que hay entre los dos personajes principales, Shunsuke, el hombre adulto, experimentado, misógino y con una serie de luchas internas alimentadas por el desprecio que sufre desde la juventud y Yuichi, el hombre joven, atractivo, inexperto, superficial e incapaz de lograr lazos afectivos con sus múltiples parejas, ambos, personajes que nos acercan incluso a entender al propio Mishima.

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Hay un aire de erotismo pero diría que de forma muy sutil, el protagonista de este libro es el amor pasional y desmedido principalmente entre hombres, nos acerca a un Japón que se ve marcado por los convencionalismos sociales propios de la época, el típico hombre que debía casarse, tener hijos y mantener una vida familiar muy activa, pero que mantiene en secreto relaciones con otros hombres con el fin de satisfacer sus necesidades sexuales más que para entablar lazos afectivos con los mismos. Pese a lo superficial que pueda parecer esta obra, Mishima nos acerca a los conflictos morales a los que se ven sometidos sus personajes, quienes se detienen a reflexionar sobre aspectos como la belleza,  la vejez, temas recurrentes en la obra y que nos conducen a un final algo inesperado y que nos hacen reparar en lo efímero que resulta todo, incluso la vida.

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Columnista: Mery Giselle.

El hablador.

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Terminé por fin un libro que movió mi alma de tal manera. Comenzaré confesando que también siento la misma fascinación que Mascarita, personaje del libro, por el qué había antes de la invasión colonizadora en nuestro continente, un acervo de creencias, la cosmogonía, los rituales, la conexión inexorable con la naturaleza y los astros, la explicación de las fuerzas sobrenaturales y cómo convergían en ellas las deidades. Gracias a este libro, ahondé más en las culturas vivas, empero en peligro de extinción, cómo la sombra devoradora de los misioneros fanáticos disfrazados lingüistas pueden aniquilar gradualmente tribus y sus creencias ancestrales, con sólo traducir la biblia, enseñar el valor del dinero y economías de mercados borras de un tajo las historias que han permitido la difícil supervivencia de ellos a través de las hostilidades del tiempo.

La verdad, no sabía con tanto detalle acerca de la fiebre del caucho, no sabía del holocausto tan inhumano que me parece irreal, que se suscitó en la Amazonía. Me pregunto luego de leerlo, ¿no se conmemora esta masacre? ¿No hay un día memorial a las miles de víctimas indígenas de la esclavitud, prostitución, pedofilia, asesinatos, torturas? Era una verdadera caza de individuos que eran tratados como menos que cosas. Los machiguengas llamaban a este periodo del caucho ‘‘la sangría de los árboles’’ y en sus cantos aún lo recuerdan con la tristeza que siempre se ha cernido sobre ellos al ser, por sus creencias, una tribu siempre nómada, siempre andando. Si bien es cierto, en el mundo han ocurrido muchísimos holocaustos y siguen ocurriendo, grandes y pequeños, pero la manera tan silenciosa y tan estoica en que los indígenas de nuestro continente han resistido es admirable. Algunos van resistiendo hasta la inevitable pérdida total de sus costumbres y su identidad.

La verdad fue un libro bastante difícil de leer aunque no era extenso y es que Vargas Llosa cambiaba abruptamente de narración, primero con su inconfundible estilo que te atrapa y seguido por las palabras vivas y andantes de los Habladores, que iban visitando tribus dispersas de machiguengas por toda la Amazonía para mantener vivas estas leyendas. Es fascinante cómo se vuelve a la raíz, cómo el ser humano vuelve a ser uno solo con la naturaleza, una criatura más a merced de su fuerza y dictamen.

Uno de mis párrafos favoritos, del propio narrador / autor del libro es el siguiente:

‘‘En las pocas horas que he estado entre los machiguengas no he podido darme cuenta de muchas cosas. Pero, al menos de una sí me he dado. Una cosa importante. Que todo esto es muy relativo. Esto del Nuevo Testamento en machiguenga, esto de enviar a los nativos a las escuelas bíblicas y volverlos pastores. El paso violento de la vida nómada a la sedentaria. La occidentalización y cristianización aceleradas. La supuesta modernización. Me he dado cuenta que es pura apariencia. Por más que hayan comenzado a comerciar, a servirse del dinero, el peso de su propia tradición es mucho más fuerte en ellos que todo eso. Me he dado cuenta que hay un fondo para ellos todavía intocable. Aun en los machiguengas más occidentalizados queda un reducto de lealtad hacia las creencias propias. Ciertos tabúes a los que no están dispuestos a renunciar. Por eso los mantienen rigurosamente ocultos a los forasteros. Se rodea de misterio lo que para uno es importante’’

La memoria es pura trampa: corrige, sutilmente acomoda el pasado en función del presente.

Lectora Invitada: Nicole Adames.

Nicole, 24 años, sin profesión mas que vivir; desde chica enviciada con los libros empezando por los de cuento, pasando por Dostoyevski hasta encontrar a Hesse mi favorito. Otras pasiones: montañismo, naturaleza y senderismo, actuación, idiomas.
Nicole, 24 años, sin profesión mas que vivir; desde chica enviciada con los libros empezando por los de cuento, pasando por Dostoyevski hasta encontrar a Hesse mi favorito.

El síndrome de Ulises.

El inmigrante pasa momentos complicados donde sea que vaya y en las condiciones que viva, el dinero facilita comer y moverse, pero la nostalgia, extrañar a la familia, los amigos, el cafecito conocido que venden en la esquina o la tierra donde caminar descalzo y confiado es algo con lo que carga así sea muy feliz donde esté, siempre piensa en esa posibilidad de regresar a su país de origen así hayan pasado muchos años y ya nada o nadie sea como antes.

Al igual que su personaje principal, el escritor colombiano Santiago Gamboa estudió en la Universidad Complutense de Madrid y posteriormente en la Sorbona de París, hace algunos años señaló que aunque la historia es completamente ficción, está basada en muchas de las vivencias que experimentó como becario y por tanto, retrata la historia de aquel que llega atraído por las luces de una ciudad tan enigmática como París, pero que se ve obligado a vivir en las tinieblas.

Ulíses (Odiseo), héroe de la mitología griega, estuvo alejado de sus allegados por un período de veinte años luego de luchar en la guerra de Troya, es el protagonista del poema “La Odisea”, de Homero e igualmente un personaje de “La Ilíada”, con su nombre se ha denominado el síndrome conocido también como “Síndrome del inmigrante”, relacionado con el estrés que padecen los inmigrantes al atravesar los distintos duelos que supone mudarse de país: el duelo por la familia, la adaptación al idioma, por la diferencia cultural y el relacionado con el cambio de estatus social, más aún si en el país extranjero ve desmejorada su calidad de vida.

Cuando Pienso en París, vienen a mi mente los paseos junto al río Sena, las crepes de chocolate y la lluvia ligera de febrero, todas esas imágenes lindas que te venden las agencias de viaje y que ves en las fotos de instagram de tus amigos, pero al igual que en cualquier otra ciudad, el colombiano, la ucraniana y el argentino que llegaron con una mano adelante y otra detrás, tienen que contar céntimos y comer castañas, pasar frío, vivir con el miedo de que se den cuenta que está ilegal y machacar el francés que de pronto es inglés o un nuevo idioma inventado.

Gamboa no deja ningún detalle por fuera en cuanto a describir la vida de un inmigrante, de todas las experiencias que calaron tan hondo en él y que le hicieron sentir un poco de impotencia, quizás la misma que sentimos nosotros al ver tantos inmigrantes en nuestro país, que no lo pasan muy bien porque no todos vienen con una cuenta bancaria repleta de dólares, pero sí son muchos lo que llegan con ganas de trabajar y progresar.

Entre el panorama dramático y burlesco que viven sus personajes, hay una gran cantidad de episodios sexuales, de consumo de drogas y alcohol narrados de forma explícita que de alguna manera se convierten en el sedante que permite soportar el día a día, porque la vida es difícil señores, tanto aquí como en París.

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Evocación de la infancia.

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Este libro de apenas 190 páginas es la autobiografía de Coetzee contada en tercera persona, durante el cual no deja de impresionar la capacidad del autor para hilar los hechos más absurdos con importantes reflexiones propias de la edad, esas preocupaciones de quien poco a poco abandona la infancia y empieza a tener un poco de entendimiento y conciencia sobre las cosas que le rodean, ya no es un niño pequeño y comprende a la perfección el terror de la violencia y las dificultades de un hogar que se debate entre la inestabilidad emocional por parte de sus padres y las preocupaciones quien lo ve y escucha todo procurando entender.

El pequeño Coetzee crece en Sudáfrica junto a su familia, su carácter se ve fuertemente influenciado por quienes le rodean, tiene una curiosidad y capacidad de reflexionar incluso por las cosas más simples, retrata un país marcado por las diferencias raciales y de clases,  incluso en los detalles más pequeños puede entreverse una crítica la sociedad en la que le tocó crecer, marcada por el apartheid y  que constantemente divide a las personas en clases, así sea incluso para algo tan simple como un juego de niños.

Es este uno de esos libros que compré por la portada, para qué les voy a mentir, pero ha sido grato conocer que en el 2003 fue galardonado con el premio Nobel de literatura y sin duda luego de leer este libro puedo decir que muy merecido.

Cambiemos el mundo.

Los cambios.

Muchos de nosotros hemos llegado a un lugar, sonrientes, diciendo buenos días y nos han ignorado, es la sensación más terrible, tal parece que tu saludo ha sido ignorado, pero luego de varios días logras sacar un buenos días a otra persona hasta que esto se convierte en la regla y no la excepción del lugar. Tal como un saludo y una sonrisa, cambiar otras cosas requiere paciencia, tiempo, perseverancia, pero sobre todo mucha tolerancia para con los demás y sus ideas, lo que no significa que aceptes lo que piensan o hacen, pero sí que eres capaz de comprender qué los motiva a ser como son.

Este ha sido un ejemplo sencillo de cómo realizar cambios, hay cosas que requieren  más planificación, tiempo y dinero, bien lo explica John-Paul Flintoff, escritor y periodista inglés, perteneciente a The School of Life en su libro “Cómo cambiar el mundo”.

Cada uno de nosotros puede desarrollar una idea de cómo cambiar el mundo para mejor, qué puede ser provechoso para la humanidad, qué puede lograr que nuestra convivencia sea pacífica, cómo solucionar nuestros problemas y muchas de esas cosas se logran con pequeñas acciones que logran grandes resultados.

El Estado.

Hay muchas forma de excusarnos para no hacer algo, lo más común es culpar al Estado, los gobiernos o la palabra favorita de muchos “el sistema”, pero al final, nosotros somos parte de ese sistema, nosotros podemos denunciar o emprender acciones de protesta que llamen la atención sobre lo que pasa y nos aqueja sin esperar sentado a que el Estado y los gobernantes de turno resuelvan nuestros problemas, usualmente no les interesa porque su preocupación suele estar enfocada en cómo mantener el estatus que han alcanzado mediante la política, pero a nosotros sí que nos importa realizar cambios importantes en la sociedad que nos procuren una vida tranquila, feliz y dejar a nuestros hijos un mundo mejor.

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The School of life.

Quizás te hayas encontrado videos en youtube sobre filosofía explicada muchas veces de forma jocosa, The School of life es un proyecto con base en Londres que se ha esparcido por muchos países gracias gracias a ñas redes sociales, en sus vídeos de poca duración y muchas veces con atractivas ilustraciones, tienen como objetivo desarrollar inteligencia emocional, pensamiento crítico y reflexiones importantes en quienes los ven. De esa misma forma puedes encontrar libros interesantes tal como el de Flintoff quien mediante ejemplos de personajes históricos y fotografías, explica de forma simple su filosofía. En este caso, que cambiar el mundo depende enteramente de la lucha que cada quien escoja y el esfuerzo que esté dispuesto a realizar.

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Hora de pensar

Leer este libro no te hará cambiar el mundo con solo pensarlo, debo admitirlo, pero sí que te animará a pensar qué cosas te molestan de tu entorno, vivir quejándote no te ayudará, emprende alguna campaña que puedas ejecutar con tus amigos más cercanos hasta que se vuelva viral, pueden ser cosas pequeñas como “suba las escaleras del metro por la derecha” o “reutilice los envases plásticos”, en estos días con el facebook, twitter e instagram es fácil realizar docencia sobre muchos aspectos, lo importante es que te comprometas pero antes de eso, ser consciente y franco contigo y responderte esta pregunta: ¿Quiero cambiar el mundo?, si la respuesta es afirmativa, inicia por ti y contagia a tus allegados, te aseguro que el cambio se dará.