El color prohibido del amor.

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“El gran espejo del amor entre hombres. Historias de Samuráis”, es un compendio de relatos escrito por Ihara Saikaku en el cual narra historias de amor entre samuráis, resaltando los sentimientos, el honor, la fidelidad y todos aquellos elementos que permitían mantener una relación estable. El amor Nanshoku era abiertamente aceptado por la sociedad, una relación entre un adulto y un joven donde los samuráis podían experimentar un apasionado amor viril, algo que era aceptado y a la vez entendido como algo fugaz, porque cuando el hombre joven alcanzaba la mayoría de edad, dejaba de ser amante del samurái adulto y en su lugar, tomaba a otro joven como su amante.

En El color prohibido, Yukio Mishima retrata a la perfección esta relación entre hombres denominada nanshoku Okagami, es precisamente en los últimos capítulos, donde hace referencia a esta obra de Saikaku debido a la relación que hay entre los dos personajes principales, Shunsuke, el hombre adulto, experimentado, misógino y con una serie de luchas internas alimentadas por el desprecio que sufre desde la juventud y Yuichi, el hombre joven, atractivo, inexperto, superficial e incapaz de lograr lazos afectivos con sus múltiples parejas, ambos, personajes que nos acercan incluso a entender al propio Mishima.

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Hay un aire de erotismo pero diría que de forma muy sutil, el protagonista de este libro es el amor pasional y desmedido principalmente entre hombres, nos acerca a un Japón que se ve marcado por los convencionalismos sociales propios de la época, el típico hombre que debía casarse, tener hijos y mantener una vida familiar muy activa, pero que mantiene en secreto relaciones con otros hombres con el fin de satisfacer sus necesidades sexuales más que para entablar lazos afectivos con los mismos. Pese a lo superficial que pueda parecer esta obra, Mishima nos acerca a los conflictos morales a los que se ven sometidos sus personajes, quienes se detienen a reflexionar sobre aspectos como la belleza,  la vejez, temas recurrentes en la obra y que nos conducen a un final algo inesperado y que nos hacen reparar en lo efímero que resulta todo, incluso la vida.

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Columnista: Mery Giselle.
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El hablador.

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Terminé por fin un libro que movió mi alma de tal manera. Comenzaré confesando que también siento la misma fascinación que Mascarita, personaje del libro, por el qué había antes de la invasión colonizadora en nuestro continente, un acervo de creencias, la cosmogonía, los rituales, la conexión inexorable con la naturaleza y los astros, la explicación de las fuerzas sobrenaturales y cómo convergían en ellas las deidades. Gracias a este libro, ahondé más en las culturas vivas, empero en peligro de extinción, cómo la sombra devoradora de los misioneros fanáticos disfrazados lingüistas pueden aniquilar gradualmente tribus y sus creencias ancestrales, con sólo traducir la biblia, enseñar el valor del dinero y economías de mercados borras de un tajo las historias que han permitido la difícil supervivencia de ellos a través de las hostilidades del tiempo.

La verdad, no sabía con tanto detalle acerca de la fiebre del caucho, no sabía del holocausto tan inhumano que me parece irreal, que se suscitó en la Amazonía. Me pregunto luego de leerlo, ¿no se conmemora esta masacre? ¿No hay un día memorial a las miles de víctimas indígenas de la esclavitud, prostitución, pedofilia, asesinatos, torturas? Era una verdadera caza de individuos que eran tratados como menos que cosas. Los machiguengas llamaban a este periodo del caucho ‘‘la sangría de los árboles’’ y en sus cantos aún lo recuerdan con la tristeza que siempre se ha cernido sobre ellos al ser, por sus creencias, una tribu siempre nómada, siempre andando. Si bien es cierto, en el mundo han ocurrido muchísimos holocaustos y siguen ocurriendo, grandes y pequeños, pero la manera tan silenciosa y tan estoica en que los indígenas de nuestro continente han resistido es admirable. Algunos van resistiendo hasta la inevitable pérdida total de sus costumbres y su identidad.

La verdad fue un libro bastante difícil de leer aunque no era extenso y es que Vargas Llosa cambiaba abruptamente de narración, primero con su inconfundible estilo que te atrapa y seguido por las palabras vivas y andantes de los Habladores, que iban visitando tribus dispersas de machiguengas por toda la Amazonía para mantener vivas estas leyendas. Es fascinante cómo se vuelve a la raíz, cómo el ser humano vuelve a ser uno solo con la naturaleza, una criatura más a merced de su fuerza y dictamen.

Uno de mis párrafos favoritos, del propio narrador / autor del libro es el siguiente:

‘‘En las pocas horas que he estado entre los machiguengas no he podido darme cuenta de muchas cosas. Pero, al menos de una sí me he dado. Una cosa importante. Que todo esto es muy relativo. Esto del Nuevo Testamento en machiguenga, esto de enviar a los nativos a las escuelas bíblicas y volverlos pastores. El paso violento de la vida nómada a la sedentaria. La occidentalización y cristianización aceleradas. La supuesta modernización. Me he dado cuenta que es pura apariencia. Por más que hayan comenzado a comerciar, a servirse del dinero, el peso de su propia tradición es mucho más fuerte en ellos que todo eso. Me he dado cuenta que hay un fondo para ellos todavía intocable. Aun en los machiguengas más occidentalizados queda un reducto de lealtad hacia las creencias propias. Ciertos tabúes a los que no están dispuestos a renunciar. Por eso los mantienen rigurosamente ocultos a los forasteros. Se rodea de misterio lo que para uno es importante’’

La memoria es pura trampa: corrige, sutilmente acomoda el pasado en función del presente.

Lectora Invitada: Nicole Adames.

Nicole, 24 años, sin profesión mas que vivir; desde chica enviciada con los libros empezando por los de cuento, pasando por Dostoyevski hasta encontrar a Hesse mi favorito. Otras pasiones: montañismo, naturaleza y senderismo, actuación, idiomas.
Nicole, 24 años, sin profesión mas que vivir; desde chica enviciada con los libros empezando por los de cuento, pasando por Dostoyevski hasta encontrar a Hesse mi favorito.

El síndrome de Ulises.

El inmigrante pasa momentos complicados donde sea que vaya y en las condiciones que viva, el dinero facilita comer y moverse, pero la nostalgia, extrañar a la familia, los amigos, el cafecito conocido que venden en la esquina o la tierra donde caminar descalzo y confiado es algo con lo que carga así sea muy feliz donde esté, siempre piensa en esa posibilidad de regresar a su país de origen así hayan pasado muchos años y ya nada o nadie sea como antes.

Al igual que su personaje principal, el escritor colombiano Santiago Gamboa estudió en la Universidad Complutense de Madrid y posteriormente en la Sorbona de París, hace algunos años señaló que aunque la historia es completamente ficción, está basada en muchas de las vivencias que experimentó como becario y por tanto, retrata la historia de aquel que llega atraído por las luces de una ciudad tan enigmática como París, pero que se ve obligado a vivir en las tinieblas.

Ulíses (Odiseo), héroe de la mitología griega, estuvo alejado de sus allegados por un período de veinte años luego de luchar en la guerra de Troya, es el protagonista del poema “La Odisea”, de Homero e igualmente un personaje de “La Ilíada”, con su nombre se ha denominado el síndrome conocido también como “Síndrome del inmigrante”, relacionado con el estrés que padecen los inmigrantes al atravesar los distintos duelos que supone mudarse de país: el duelo por la familia, la adaptación al idioma, por la diferencia cultural y el relacionado con el cambio de estatus social, más aún si en el país extranjero ve desmejorada su calidad de vida.

Cuando Pienso en París, vienen a mi mente los paseos junto al río Sena, las crepes de chocolate y la lluvia ligera de febrero, todas esas imágenes lindas que te venden las agencias de viaje y que ves en las fotos de instagram de tus amigos, pero al igual que en cualquier otra ciudad, el colombiano, la ucraniana y el argentino que llegaron con una mano adelante y otra detrás, tienen que contar céntimos y comer castañas, pasar frío, vivir con el miedo de que se den cuenta que está ilegal y machacar el francés que de pronto es inglés o un nuevo idioma inventado.

Gamboa no deja ningún detalle por fuera en cuanto a describir la vida de un inmigrante, de todas las experiencias que calaron tan hondo en él y que le hicieron sentir un poco de impotencia, quizás la misma que sentimos nosotros al ver tantos inmigrantes en nuestro país, que no lo pasan muy bien porque no todos vienen con una cuenta bancaria repleta de dólares, pero sí son muchos lo que llegan con ganas de trabajar y progresar.

Entre el panorama dramático y burlesco que viven sus personajes, hay una gran cantidad de episodios sexuales, de consumo de drogas y alcohol narrados de forma explícita que de alguna manera se convierten en el sedante que permite soportar el día a día, porque la vida es difícil señores, tanto aquí como en París.

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Evocación de la infancia.

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Este libro de apenas 190 páginas es la autobiografía de Coetzee contada en tercera persona, durante el cual no deja de impresionar la capacidad del autor para hilar los hechos más absurdos con importantes reflexiones propias de la edad, esas preocupaciones de quien poco a poco abandona la infancia y empieza a tener un poco de entendimiento y conciencia sobre las cosas que le rodean, ya no es un niño pequeño y comprende a la perfección el terror de la violencia y las dificultades de un hogar que se debate entre la inestabilidad emocional por parte de sus padres y las preocupaciones quien lo ve y escucha todo procurando entender.

El pequeño Coetzee crece en Sudáfrica junto a su familia, su carácter se ve fuertemente influenciado por quienes le rodean, tiene una curiosidad y capacidad de reflexionar incluso por las cosas más simples, retrata un país marcado por las diferencias raciales y de clases,  incluso en los detalles más pequeños puede entreverse una crítica la sociedad en la que le tocó crecer, marcada por el apartheid y  que constantemente divide a las personas en clases, así sea incluso para algo tan simple como un juego de niños.

Es este uno de esos libros que compré por la portada, para qué les voy a mentir, pero ha sido grato conocer que en el 2003 fue galardonado con el premio Nobel de literatura y sin duda luego de leer este libro puedo decir que muy merecido.

Cometas en el cielo

El último libro leído en el 2011, es la primera reseña de este nuevo año en el que me he prometido escribir mucho más en este blog y leer más, dos cosas muy importantes en mi vida que dejé de lado un poco, pero que retomaré con fuerza este año.

“Cometas en el cielo”, es una conmovedora novela escrita por Khaled Hosseini, quien nos permite viajar en el tiempo y adentrarnos en la historia política y social de Afganistan, pero más importante, en los sentimientos y aventuras de dos pequeños  amigos marcados por la guerra. Para ser franca, en el 2011 la mayoría de los libros que leí estuvieron relacionados con personas cuyas vidas se vieron radicalmente transformadas por enfrentamientos bélicos, nada lejos de la realidad, cuando la humanidad ha estado sumida en guerras mundiales, civiles, guerrillas y atentados terroristas desde los inicios.

Amir y Hassan, son dos pequeños amigos afganos que lo único que los diferencia son sus raíces, ya que Hassan es un “hazara” al servicio de Amir, cuyo padre es de mucho dinero, sin embargo, se crían como hermanos aunque para el resto de la sociedad esté mal visto. Es aquí donde una vez más las diferencias sociales se entrometen y Hassan se vuelve víctima del resto de chicos de su edad quienes se divierten haciendo burlas sobre su origen. De un día a otro se ven envueltos en una situación que les distanciará, más aún cuando Afganistán se ve invadida por los rusos y Amir junto a su padre deciden abandonar Afganistán, dejando atrás a Hassan y sus vidas en Kabul.

Cuando Amir crece, quizás nunca pensó que debería redimir los errores cometidos cuando niño, realiza un viaje a Kabul en el cual aprenderá a reconciliarse consigo mismo, a perdonarse por situaciones que quizás no dependian de sí mismo. Afganistan ahora es un sitio distinto, liderado por los talibanes, nada parecido al país de los recuerdos de su infancia.

Esta ha sido la segundo novela de Hosseini que he leído, la primera fue “Mil soles espléndidos”, de hecho su segunda novela, sin embargo lo que particularmente me gusta de sus dos novelas es que te hace adentrarte en la cultura de su país, en los sentimientos de las personas cuyas vidas describe, no se bien que libro deberían leer primero, el que mejor escojan, por mi parte ambos son buenas recomendaciones aunque con “Cometas en el cielo” las lagrimas brotan con más facilidad al final de la novela, mientras que en “mil soles espléndidos” todo el libro te mantiene al borde del llanto. Dos maravillosas novelas que te ayudan a comprender a una cultura distinta, tan lejos de nosotros pero a la cual nos mantenemos atados de una u otra manera.

Por comentarios de varios amigos del fb me enteré que hay una película basada en este libro, espero verla pronto, por que la historia es preciosa y la verdad no tengo problemas con lo de libro-película, por mi parte no hay nada más perfecto que sentarse a leer una buena historia, el cine por otro lado, es un maravillo complemento.

Ambos libros están disponibles en la Biblioteca Ernesto J. Castillero

Día de la poesía en La Chorrera.

Luego de varias semanas de organización y reuniones, el Movimiento Chorrerano Pro arte y cultura llevó a cabo su primer evento, en esta ocasión celebrando el día mundial de la poesía el domingo 20 de marzo en el Parque Libertador de La Chorrera.

Luis y yo estuvimos encargados de la exposición de fotografías y luego como un angel caído del cielo apareció Yaraví después de muchos años de no verla, se unió a nuestro equipo de trabajo. Aún el sábado en la tarde nos faltaba mucho por hacer, trabajámos intensamente hasta las doce de la noche, me acosté cansada, pero contenta de los resultados, habíamos organizado una expo con apenas  un mes de anticipación y se estaba llevando a cabo !

Y llegó el domingo, por fin, a la 1:30 p.m. llegamos al parque y estaban nuestros amigos Cesar y Genaro de ArtsVis, una organización también de La Chorrera que se encarga de promoción cultural, tenían montada una expo de pintores del área. Se había dado inicio al taller de pinturas con algunos niños y estaba el Bibliobus cortesía de la Biblioteca Nacional.

Luego, una nube grande se posó sobre nosotros y empezó a llover…

Pero regresó el sol y esta vez sí para quedarse, volvimos a dibujar sobre el poema colectivo denominado “cadaver exquisito”  llegaron muchos niños y adultos para pintar sobre él, las personas seguían mirando la expo de pinturas y fotos, el bibliobus estaba abarrotado, sembraron el árbol de poemas, en el stand de Alvan se hicieron dibujos en el momento y luego a las cinco de la tarde se dió inició con el evento principal, fueron muchas las personas que se animaron a leer poemas propios y ajenos, yo una de ellas, con la voz un poco temblorosa de los nervios, eso sí.

En la noche tocaron 3 bandas de rock, entre temas propios y covers, así como un grupo de jóvenes que tocaron temas populares con violines,  un domingo distinto, agradable, familiar, poético, artístico, un domingo que marca la pauta entre un antes y después, francamente no cabía en mí de la emoción de ver que son muchas las personas que tienen algún talento pero lamentablemente por la falta de oportunidades o tiempo no lo comparten.

Sin embargo,  hay espacios, hay opciones, solo falta involucrarse y trabajar mucho con todo esto que está ocurriendo, agradezco a todos los artistas que confiaron sus obras para la exposición, a Rodolfo Caicedo y Anayansi Acevedo que colaboraron con la expo, a Lucho y a Didi que ayudaron hasta el último momento y a todos los que asistieron el domingo.

ya dimos el primer paso, de aquí en adelante es solo ser persistentes, necios.

El dolor de la guerra

Las guerras han sido siempre absurdas, sin importar “quien gane o quien pierda”, de hecho todos sabemos que nadie gana nunca en una guerra, pierden ambos bandos, pierden personas inocentes, cambiando la vida de varias generaciones inclusive aquellas que no estuvieron en ella.

Bao Ninh fue uno de los supervivientes de 500 jóvenes de la tropa vietnamita encargada de sacar del país a los norteamericanos durante la ocupación. En 1991 publicó “El dolor de la guerra”, una historia sobre millones de vidas que fueron marcadas por la crueldad de la guerra, es una narración de cualquier jóven, el paso de la inocencia a la vida adulta, el amor, la pérdida de los amigos y la familia pero lo difícil que resulta siempre volver cuando todo es diferente incluso él mismo.

“El dolor de la guerra” es un punto de vista distinto contada por alguien que luchó en ella, que vió morir a sus amigos, que perdió muchas cosas y cuenta desde su perspectiva lo que significa estar en constante riesgo de morir, además, lo más importante es completamente imparcial y nos habla la experiencia de un vietnamita y no de un norteamericano en Saigón.

Francamente la recomiendo, en algunas páginas la narración se torna muy cruda, quizás algo fuerte para algunos, pero es un testimonio histórico fundamental.

Para mis amigos en Panamá, éste libro no lo he visto en ninguna librería, pero lo pueden conseguir en la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero.