Retrato de un lector: Steve McCurry

Retrato de un lector: Steve McCurry

Steve McCurry es un fotoperiodista estadounidense, miembro de la agencia Magnum, a quien seguro conocerán por aquella famosa fotografía de la niña afgana en un campo de refugiados que fue publicada en la revista National Geographic en 1985  y quien se ha visto fuertemente cuestionado, ante las supuestas manipulaciones fotográficas que fueron descubiertas en algunos de sus trabajos a lo que McCurry solamente contestó que se considera un artista visual y si me preguntan, de mis favoritos.

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Más allá de la polémica en que se ha visto envuelto, este año McCurry nos sorprendió gratamente con un proyecto maravilloso con el que seguro nos identificamos llamado On Reading o “Sobre la lectura”, un fotolibro que surgió luego de ver la cantidad de fotografías que había hecho desde el inicio de su carrera, a finales de los años sesenta hasta el 2015, de personas leyendo.

De igual forma McCurry ha comentado en algunas entrevistas que se trata de un trabajo inspirado o bien un homenaje al fotógrafo húngaro André Kerstesz, quien en 1971 publicó su libro “On reading”. Kerstesz nació en Budapest, vivió muchos años en París y pasó el resto de su vida en Estados Unidos al no poder regresar a Francia debido al inicio de la segunda guerra mundial , hoy es considerado como una de las figuras más influyentes del periodismo fotográfico y quien también dedicó mucho tiempo fotografiando lectores.

¿Qué es lo que atrae tanto de un lector? quizás el mantenerse tan absorto leyendo o simplemente contemplando el libro, algunas veces el lector está mirando las letras pero no está leyendo y utiliza eso como la oportunidad para parecer ocupado, distraído, meditando sobre las cosas que le pasan o le rodean. Ese momento tan hermoso y solitario en el que te sientas tranquilamente bajo la sombra de un árbol, frente a una playa o en la parada del autobús a esperar tranquilamente que transcurran los segundos, que la vida pase y dejarte llevar por las palabras. Quizás el romántico hecho de abrir un libro, de sentir la emoción de hacer frente a una nueva historia o hacer frente a la cruda realidad de una noticia. ¿qué será?

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He aquí algunas de las fotografías de On reading de Steve McCurry:

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Afganistán
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Burma
AFGHN-13093; Afghanistan, 06/1992
Afganistán
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Venecia, Italia.
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Brasil
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India
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China
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Afganistán
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La Carreta Literaria

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Hoy les contamos sobre una carreta que no vende paletas, ni agua, que ha tenido como cliente a Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y José Saramago, que trabaja diariamente durante 10 horas y que su mercancía es gratuita, hablamos de la Carreta literaria.

Martín Murillo Gómez, empezó a vender agua y sodas en el centro histórico de Cartagena de Indias, pero su pasión por los libros le llevó a empujar desde la plaza Bolívar, una carreta que en sus inicios contaba con 120 libros, pero que ha llegado a transportar desde el 2007, aproximadamente 3,500 libros.

El objetivo de Martín es  promover la lectura, acercar los libros a plazas y universidades, donde los lectores pueden hacer cómodamente préstamos en la carreta y ha llegado mucho más allá de las calles de Cartagena, participando incluso en la Feria del libro de Buenos Aires, Feria del libro de Guadalajara, Feria del libro de Caracas y Feria del libro de Bogotá.

Además de transportar libros, Martín es un gran “escritor”, lleva consigo un libro blanco empastado, llamado “El libro de los mil cuentos”, que siempre queda gustando a muchos de los niños que le escuchan, lo único es que cuando lo intentan leer, sus páginas están en blanco.

Aunque la carreta no reporta ganancias económicas, el patrocinio de diversas empresas le permiten a Martín llevar adelante este proyecto y dedicarse enteramente a la promoción cultural, sin duda una idea maravillosa que se puede llevar a cabo en todas las ciudades del mundo, incluyendo Panamá.

Las imagenes utilizadas las tomamos de la página facebook oficial de La Carreta Literaria: https://www.facebook.com/LaCarretaLiterariaLeamos/?fref=ts 

Reseña de un purgatorio tropical.

Purgatorio tropicalSeis cuentos.  Seis historias.  Varias vidas que siguen un camino en el mismo territorio. Un territorio de muchas realidades, bellezas y horrores que se entrecruzan.  Purgatorio Tropical intenta captar este nuevo escenario que se vive en Panamá post reversión del Canal, con todas las ambiguedades e incertidumbres que puede traer un nuevo siglo y un nuevo maquillaje para una nación tan joven.  Y es en este escenario, en este Purgatorio tropical (título que bien define el sentir de algunos) en el que Raúl Altamar Arias dibuja la vida de varios personajes, muchos de ellos tan cercanos a los que de una manera u otra han convivido en los escenarios descritos.  Para mí, que resido a kilómetros de distancia de Panamá por muchos años, fue un viaje al pasado que me trajo a la memoria los lugares y personas con los que conviví.  Algunos personajes me hicieron imaginarme exactamente a la persona que sirvió de inspiración.  El lenguaje coloquial usado en los diálogos enfantizó aún más ese sentimiento que, debo confesar, me transportó al Panamá que tengo en mi memoria. Cada una de las historias podrían encajarse bien en la vida de cualquier familia panameña (o centroamericana, o gringa, o española, o de donde sea).  “Destinos”, que es el primer cuento, narra la vida de una no tan superficial Ana Melissa con sus amigas totalmente superficiales.  Todas piensan que la vida es estar tranquila en su casa, con hijos y empleadas, casada con un buen tipo y atendiéndolo bien…”Para qué complicarse la vida?” se atreve a decir una de ellas.  Juanri, marido de Ana Melissa, es el típico macho panameño que quiere tener un trofeo en la casa, también “sin complicaciones”, y hace de todo para que ella haga su papel de esposa y se sienta feliz.  Pero Ana Melissa quería ver más allá de la ventana de su penthouse de 300 metros cuadrados, como tantas mujeres que se encierran en la jaula de oro que sus “atentos” maridos les regalan apenas se casan. El segundo cuento, “Pavo Real”, es la historia de un “pavo”, que se ve atrapado entre lo nuevo y lo viejo, entre el hoy y el ayer y lo que implica hacer cambios para el progreso.  Es la historia de la transición de los buses de Panamá, de los famosos diablos rojos y los nuevos Metro Bus.  Colombianos, maleantería, juegavivismo, barrios de la periferia y choferes que se divierten con su diario vivir.  Otro que me llevó de vuelta al pasado y, sinceramente, no querer volver a estar allá. En “Zonificado”, un grupo de zonians cuenta sus historias con acento gringo-criollo panameño.  Si los panameños tuvieron sus dolores de cabeza con los gringos en Panamá, éstos también tivieron sus “crisis” de identidad y sentimientos de no pertenencia.  Ambos lados con las mismas esperanzas, las mismas tristezas… “Riesgos Vividos” es sobre la realidad vivida por aquellos que se ven envueltos en situaciones complicadas sin querer.  Narcotráfico y mafia colombo-rusa, fiestas rave y DJs famosos le dan el tono moderno y al mismo tiempo decadente de una realidad cada vez más común en las ciudades modernas.  Triste historia. La política, la publicidad y los “closets” a los que muchos se ven forzados a encerrarse en la xenofóbica Panamá son el tema central de “Reflejos Familiares”.  Drama familiar también conocido por la mayoría de los seres humanos en este lado del trópico (y más allá de él, también) y ambientado entre producciones, campañas presidenciales y la hipocresía que ronda por estos entornos, este cuento fue, a mi parecer, el más completo y mejor desarrollado de los seis.  Al leerlo, da la sensación de déjà vu es inevitable. De un matrimonio “pudiente” que después de un extraconjugal polvo oriental, no “pudo” más, Moncho se graduaba del América, una escuela pública, para el orgullo de su madre. Tal vez ahí se vea una metáfora de lo que muchos pasaron al ver sus matrimonios desbaratados por causa del oriente: de lo privado a lo público en un dos por tres.  “Nuevos Comienzos” es el último de los cuentos (en el que, supongo, la palabra “comienzos” tiene mucho que ver) que termina el purgatorio.  Y el que sirve de enlace para los otros cinco.  Moncho, un chico joven, con la vida por delante, sufre un cambio radical que lo obligará a comenzar todo de nuevo.  Y en ese comienzo termina la historia que podría seguir en looping eterno. Para los que están acostumbrados a leer obras clásicas y contemporáneas, como yo, comenzar a leer un libro como Purgatorio Tropical conlleva una cierta desconfianza, por el simple hecho de los altos estándares a los que uno se acostumbra.  Al tomar el libro, la sensación táctil es de las mejores, pues su tamaño es más “pocket” que los pocket books.  Paso las páginas y leo “Mójate los labios y sueña” de Soda Stereo.  Me gusta.  Pero luego me encuentro con una cantidad de errores ortográficos (“mí” sin tilde, etc) que me bajan el trip.  Me pongo a pensar quién corrige estos textos…y si es que los corrigen.  Julia me dice: “dale un chance…seguro que tb te llevará de paseo por algunos lugares de Panamá y sus personajes…lo q pasa es q tú eres muy pro.” Ante eso, pues no me queda otra.  El reto es ese.  Terminar el libro.  Y así lo hice en dos días.  Fue un viaje placentero.  Reí, recordé cosas y situaciones que ya ni sabía estaban en mi cerebro. Algo que me dejó con esperanza fue que me deleité ante el panorama literario panameño, casi desconocido para mí.  Descubrí que las letras no paran, no pueden parar y nunca lo harán.  Tanta gente queriendo contar una historia.  No todos consiguen contarla bien, pero el hecho de existir en el camino ya es algo digno de ser leído.

Lectora invitada:

Indra Barrios Lasso, profesora de inglés y español, ama disfrutar la vida, leer y mirar el cielo.
Indra Barrios Lasso, profesora de inglés y español, ama disfrutar la vida, leer y mirar el cielo.